Go Back Go Back
Go Back Go Back

Guardianas de la Vida: El legado de las parteras tradicionales en Panamá

Share

Ser partera tradicional es una labor de valentía. Es levantarse de madrugada, caminar largas distancias, acompañar el dolor, sostener la mano de otra mujer y responder al llamado de una comunidad.

Es un trabajo voluntario, profundamente humano, que guarda una certeza sencilla y poderosa: cuidar la vida también es cuidar la historia, la cultura y el futuro de sus comunidades.

En la Comarca Ngäbe Buglé, una de las seis comarcas indígenas en Panamá, hay registradas 392 parteras tradicionales. Mujeres reconocidas en sus comunidades por una labor que inició en la memoria familiar y que se ha traspasado de generación en generación (de abuelas a madres, de madres a hijas), como un conocimiento que se observa, se acompaña y se hereda.

En territorios donde llegar a una instalación de salud puede tomar cerca de tres horas, las parteras tradicionales cumplen un papel fundamental: acompañar a las mujeres embarazadas, orientar a las familias, promover los controles prenatales e identificar señales de peligro que requieren una referencia oportuna al sistema de salud. Cuando el traslado no es posible y el parto ocurre en la comunidad, su presencia puede marcar la diferencia en el cuidado de la madre y el bebé.

En el marco de un enfoque intercultural, se reconoce el rol de las parteras tradicionales como agentes comunitarias de salud, especialmente en contextos donde el acceso a los servicios es limitado.

No obstante, es importante destacar que el estándar promovido es el parto calificado, atendido por personal de salud capacitado. En este sentido, la contribución de las parteras tradicionales se orienta a fortalecer el vínculo entre las comunidades y el sistema de salud, promoviendo el acceso oportuno a los servicios, la identificación de señales de riesgo y la referencia adecuada, en favor de mejores resultados en la salud materna y neonatal.

Remote video URL
Photo content

Mirna José
“Llevo 55 partos”

En seis años como partera tradicional, ha acompañado 55 nacimientos en una comunidad ubicada a dos horas del Centro de Salud de Kusapín, en un trayecto que se realiza en lancha por mar abierto.

Cuando una mujer tiene dolor, Mirna la acompaña, observa, orienta y decide si puede atenderla o si debe referirla a la instalación de salud más cercana.

Foto: UNFPA Panamá/ Carlos Andrés Pedraza

Photo content

Isabel Quintero
“Uno nunca nace aprendiendo...”

De la comunidad de Hato Pilón, en el distrito de Mironó, lleva 35 años acompañando nacimientos como partera tradicional. Forma parte de la Asociación de Agentes de Salud Tradicional y Natural Ngäbe (ASASTRAN) y ha atendido personalmente más de 30 partos.

Una de sus memorias más fuertes ocurrió cuando no había carretera: una mujer tuvo que ser trasladada en hamaca durante más de tres horas tras una complicación posterior al nacimiento del bebé.

Fotos: UNFPA Panamá/ Carlos Andrés Pedraza

Photo content

Ofelina Montezuma
“La gente no se atrevía. Entonces yo me atreví.”

Su primera experiencia fue con una niña de 14 años que estaba dando a luz. La madre lloraba y fueron a buscarla. Ofelina llegó, acompañó y atendió el parto en casa. Desde entonces ha asistido 25 nacimientos, con la certeza de que ser partera también es tener valentía para responder cuando una comunidad no tiene muchas opciones.

Fotos: UNFPA Panamá/ Carlos Andrés Pedraza

Photo content

Rosaldina Rodríguez
“Como yo pasé el sufrimiento de una embarazada, lo siento igual que ella.”

Ha atendido partos en casa, muchas veces respondiendo al llamado en plena noche, y también aprendió a reconocer cuándo es necesario acudir al hospital. En su historia, la empatía no es una palabra bonita: es una herramienta de cuidado.

Fotos: UNFPA Panamá/ Carlos Andrés Pedraza

Photo content

Silvia Peterson Vargas
“El rol de nosotras las parteras es salvar vidas”

Originaria de la comunidad de Sieyic del Pueblo Naso Tjër Di, empezó a acompañar nacimientos a los 25 años, aprendiendo de su madre. Hoy, ella tiene hijas que aprenden a su lado.

Ha atendido 25 partos, incluyendo un nacimiento gemelar que la tomó por sorpresa (al no haber ultrasonido, nació un bebé y luego apareció otro). Para Silvia, ser partera significa asegurar que el conocimiento perdure: “Me voy yo y se quedan ellas”.

Fotos: UNFPA Panamá/ Carlos Andrés Pedraza

Photo content

Nanci Rodríguez
“Eso viene de herencia”

En su familia, este conocimiento ha pasado de abuela a madre y de madre a hija. Desde joven acompañaba a su madre a atender partos: pasaba una toalla, ayudaba a sostener, observaba y aprendía.

Su historia representa el relevo generacional, mujeres jóvenes que aprenden de las mayores para que el conocimiento no se pierda.

Fotos: UNFPA Panamá/ Carlos Andrés Pedraza

Photo content

Delia Santo
“Dios me dio el don y yo aprendí”

En Llano Majagua, comunidad de Mironó, corregimiento de Hato Pilón, a sus 70 años, recuerda que el conocimiento llegó a través de su madre como una responsabilidad familiar. Comprendió que, alguien debía seguir cuidando a las mujeres de su familia y de su comunidad.

En su historia de vida, la partería es una mano conocida sosteniendo a otra mujer en uno de los momentos más vulnerables y trascendentales de su vida.

Fotos: UNFPA Panamá/ Carlos Andrés Pedraza