Ser partera tradicional es una labor de valentía. Es levantarse de madrugada, caminar largas distancias, acompañar el dolor, sostener la mano de otra mujer y responder al llamado de una comunidad.
Es un trabajo voluntario, profundamente humano, que guarda una certeza sencilla y poderosa: cuidar la vida también es cuidar la historia, la cultura y el futuro de sus comunidades.
En la Comarca Ngäbe Buglé, una de las seis comarcas indígenas en Panamá, hay registradas 392 parteras tradicionales. Mujeres reconocidas en sus comunidades por una labor que inició en la memoria familiar y que se ha traspasado de generación en generación (de abuelas a madres, de madres a hijas), como un conocimiento que se observa, se acompaña y se hereda.
En territorios donde llegar a una instalación de salud puede tomar cerca de tres horas, las parteras tradicionales cumplen un papel fundamental: acompañar a las mujeres embarazadas, orientar a las familias, promover los controles prenatales e identificar señales de peligro que requieren una referencia oportuna al sistema de salud. Cuando el traslado no es posible y el parto ocurre en la comunidad, su presencia puede marcar la diferencia en el cuidado de la madre y el bebé.
En el marco de un enfoque intercultural, se reconoce el rol de las parteras tradicionales como agentes comunitarias de salud, especialmente en contextos donde el acceso a los servicios es limitado.
No obstante, es importante destacar que el estándar promovido es el parto calificado, atendido por personal de salud capacitado. En este sentido, la contribución de las parteras tradicionales se orienta a fortalecer el vínculo entre las comunidades y el sistema de salud, promoviendo el acceso oportuno a los servicios, la identificación de señales de riesgo y la referencia adecuada, en favor de mejores resultados en la salud materna y neonatal.
